PROBLEMAS NOCTURNOS

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Ha sido un largo día de trabajo. Es el momento de que los pequeños se vayan a la cama después de abrazarles y besarles, cierren los ojos, duerman de un tirón y se despierten frescos y alegres a una hora razonable por la mañana. Pero en su hogar las cosas no suceden exactamente así. El niño quiere otro cuento, un vaso de agua, otra visita al orinal, otra media hora de televisión. Quiere estar despierto hasta las nueve, lo mismo que su amigo Jimmy.

¡Al fin se ha dormido! Pero, una hora más tarde, cuando sus padres están también durmiendo, el niño está de pie de nuevo, vagando por la alcoba de sus padres. Quiere dormir en su cama. Un poco más tarde los padres se despiertan a causa de los sollozos y las lastimeras llamadas del niño: «¡Papá!, ¡Mamá!».

Cualesquiera que sean los problemas nocturnos en una familia? hay que tener presente que son frecuentes en muchos hogares. Montones de padres tienen los mismos problemas para conseguir que sus hijos se vayan a la cama v se queden en ella.

En su libro de divulgación acerca de los niños con problemas de sueño. cl Dr. David Haslan informa de los resultados del estudio de los patrones dé sueño de 124 niños. Una cuarta parte de los niños en edad escolar se levanta constantemente durante la noche, mientras que el 35% rebasa irse a la cama antes que sus padres. En cada casa hay problemas en el momento de irse a la cama, al menos ocasionalmente, y también hay noches en las que la madre, y quizás, también el padre, pueden olvidarse de pegar ojo. El sonambulismo, los terrores nocturnos, la ansiedad provocada por la separación y el insomnio causado por enfermedad o por sobreexcitación pueden darse en cualquier familia en cualquier momento. La noche seria mucho más fácil si todos los niños tuvieran las mismas necesidades de sueño que sus padres pero no es as;. Cada individuo necesita períodos de sueño caracterizados por fases REM (movimientos oculares rápidos) y por períodos de sueño «ortodoxo», que está constituido por cuatro etapas de sueño, progresivamente más profundo v coque en los adultos y en los niños mayores se producen por ciclos de aproximadamente noventa minutos a lo largo de la noche. Los bebés experimentan las mismas fases, pero el ciclo se completa en sólo cincuenta minutos. Esto significa que los bebés y los niños pequeños tienen más posibilidades de experimentar períodos de sueño superficial. E180% del sueño de los adultos es profundo, mientras que en los bebés sólo lo es el 50%.

Por lo que toca a los patrones generales de sueño, y de acuerdo con muchos pediatras, un niño normal de dos años requiere un promedio de doce horas por noche, más de una a dos horas de siesta. A los seis años, un niño aún necesita doce horas de sueño, pero sus siestas ya son más cortas. A los nueve, el promedio de horas de sueño es de once horas y a los doce, de diez. Hay que tener en cuenta que éstos son promedios de horas de sueño y que un niño que duerma más o menos horas no es anormal.

Para que todos los miembros de la familia puedan desenvolverse bien durante el día, necesitan una buena noche de sueño. La noche no debe ser una constante batalla entre padres e hijos, en un esfuerzo para conseguir que éstos se acuesten. En este capítulo se describen diversas sugerencias para conseguir noches más pacíficas.

4.1 EL NIÑO QUE NO QUIERE ACOSTARSE

Los niños se resisten a acostarse por diversos motivos. Quizás tiene miedo de la oscuridad o de no despertarse, o se sienten inseguros cuando están solos. Indudablemente, les gestaría más jugar o ver la televisión y, en realidad, preferirían la compañía y atención de sus padres. Cuando los niños se hacen mayores, su vida social adquiere preponderancia. No obstante, todos los niños deben tener su hora de acostarse y si se quiere paz en casa, los padres no pueden transigir en esta cuestión. Los padres que dicen «¡eh, chicos!, ¿no creéis que ha llegado el momento de acostarse?». han declinado su responsabilidad y sus hijos no se acostarán a la hora adecuada. Los padres que siempre permiten al niño permanecer levantado «sólo un poco más», tendrán siempre problemas con el momento de acostarse. De haber la menor posibilidad de transigir, los niños más nerviosos se agarrarán a ella. De ahí pues que para muchos padres, conseguir acostar a sus hijos es una más de las batallas al final de un largo día, justo en el momento en que ellos necesitan tiempo para sí mismos. Para los padres novatos, seguir los consejos que se explican aquí, puede zanjar los problemas nocturnos antes de que empiecen. Si la hora de acostarse ya es un problema, será necesario planificar nuevas iniciativas para conseguir que el niño duerma. Es importante decidir lo que se hará, que el niño sepa que el cambio es inminente y que el día 1 hay que poner el plan en marcha.

4.1.1 Señalar el momento de acostarse

Se debe decidir el momento preciso en que el niño debe acostarse y, una vez decidido, proceder con firmeza. Esto no significa que los padres deban ser absolutamente rígidos e insistir en que el niño debe estar siempre en la cama a las ocho en punto, aunque justo en aquel momento acabe de llegar papá o esté en casa el tío Joe. Sin embargo, cuanto más capaces sean los padres de concretar el momento de acostarse. más fácil será conseguir que el niño se duerma a una hora fija.

Una sugerencia: No se debe utilizar la referencia «oscuro» para fijar el momento de acostarse, porque en verano con la luz de día esto será causa de problemas

4.1.2 Utilizar hábitos para sacar más partido al plan

Los niños pequeños, especialmente los que empiezan a andar, encuentran seguridad en la rutina. Les gusta la seguridad de lo habitual y de ahí la afición a ciertos objetos con los que pueden contar. Por ejemplo, a Alan le gusta tener su martillo azul en la cama, junto a él, cada noche. Sarah necesita besar a todo el mundo antes de irse a su habitación y después todo el mundo tiene que ir a darle un beso cuando ya está en la cama, mientras que a Sissi le gusta colocar todas sus muñecas bajo una manta amarilla, junto a ella. Tanto los rituales como los detalles reconfortantes de seguridad, tales como mantas viejas o perros de trapo, de los que dependen algunos niños, les sirven para separarse de los seres queridos y pasar del estado de vigilia al de sueño. Los padres no deben reírse de los hábitos del niño, pero por otra parte, tampoco deben consentir que se vuelvan demasiado pesados. Se ha de limitar el número de juguetes que el niño se lleva a la cama. «Joey, te puedes llevar un libro y un juguete. Escoge». Algunos niños alargan esto demasiado, lo que comporta quince minutos adicionales para conseguir que, por fin, se vayan a la cama.

4.1.3 Establecer unos hábitos en el momento de acostarse

A los niños siempre les gusta saber lo que ocurrirá un instante después de ahora. Unos hábitos nocturnos regulares conseguirán que el niño sepa que el momento de acostarse se acerca y que ha llegado el momento «de parar». Se puede seguir esta guía para establecer una rutina nocturna.

· Simplificar: Tomar en consideración el horario de la familia y las preferencias del niño. No comenzar con normas que después no se seguirán. La rutina de acostarse debe proporcionar una sensación de seguridad cálida, un final del día confortable. Quizás, por ejemplo, se discutirán por encima las incidencias del día que termina y se planearán cosas para el día siguiente. Preparar sus ropas para el día siguiente, junto a los libros, será de utilidad para niños más crecidos. Leer un cuento o comer una galleta ayudará a otros niños a entender que ha llegado el momento de acostarse.

· Utilizar señales que hagan patente la rutina. El niño debe saber cuando empieza la rutina del momento de acostarse. Puede ser tan simple como decir «el momento de irse a la cama es el momento en que termina tal o cual programa de televisión». O se pueden intentar señales visuales. Por ejemplo, dibujar un círculo en una hoja de papel de color, dividirlo en secciones clasificadas como hora de jugar, hora de acostarse y hora de los cuentos. Hacer una flecha de papel y fijarla en el centro del círculo. Señalar con la flecha en la sección apropiada cuando llegue el momento. O se puede dibujar un reloj con las manecillas señalando el momento de acostarse y colocarlo cerca del reloj real. Cuando las manecillas del reloj real coincidan con las del reloj casero, el niño sabe que es el momento de irse a la cama.

· Mantener al niño calmado. Las peleas o los juegos muy activos inmediatamente antes de irse a la cama, no preparan al niño para dormir. Media hora antes de acostarse, el niño debe encontrarse relajado para cuando llegue el momento. Más que una guerra de almohadas o un juego de pelota serán unas costumbres sosegadas que incluyan la higiene habitual, la lectura, la narración de cuentos o la música. Todo esto, que suaviza el momento de acostarse, también debe seguirlo la persona que se ocupe del niño o la abuelita, cuando ponga al niño en la cama, o cuando es más tarde y el niño, agotado, precisa una ayuda adicional para conseguir una noche de calma.

· Hacerlo especial. Lo ideal sería que el momento de acostarse fuera cálido y acogedor. Tanto para los padres como para el niño es un momento de calor y de seguridad. A muchos niños les encanta escuchar una y otra vez el mismo cuento antes de irse a la cama. A otros les complace escuchar cuentos inventados, mientras que a otros les divierten las canciones infantiles como costumbre en el momento de acostarse.

· No hay que pensar que los niños algo mayores no necesitan estos hábitos. Incluso a los preadolescentes les encanta que les lean o bien les gusta utilizar estos momentos para charlar de algo importante o preguntar algo antes de que se convierta en un problema. El momento de acostarse es una excelente oportunidad para los padres de acercarse a sus hijos. Los hábitos al acostarse, que comienzan en edad muy temprana ayudarán al niño toda su vida. Algunos niños adquieren el hábito de leer, otros escriben su diario o planifican el día siguiente. Otros hacen ejercicios de relajación.

· Se ha de ser flexible, pero también se ha de saber cómo terminar las costumbres rituales. Si no se sabe cómo tomar la decisión final cuando ha llegado el momento de apagar la luz y de dormir, la rutina nocturna puede convertirse en algo cansado o interminable. Los padres no deben permitir evasivas por parte del niño, ni dejarse convencer de seguir leyendo «un cuento más». En vez de esto, se ha de anunciar de antemano las historias que se leerán aquella noche y aferrarse a lo que se ha dicho. Si trazar límites es un problema para algunos padres, éstos pueden apoyarse en otras ayudas, como su propio reloj o un minutero. Hay que decir al niño que «cuando el reloj marque las 7,30, ha llegado el momento. «Luces apagadas». o «en 15 minutos, el reloj sonará, lo que significa apagar la luz».

4.1.4 Hablar con el niño de sus miedos y angustias

Cada individuo, incluyendo los niños, tiene temores que tienden a manifestarse de noche. Los padres deben animar al niño para que hable de sus problemas y preocupaciones, a fin de poderlos solucionar, ayudando a que se duerma. (E intentar también, un ligero masaje en la espalda.)

4.1.5 Hacer frente al síndrome de levantarse continuamente

Los padres han seguido los hábitos y rituales del momento de acostarse. Jamie se ha metido en la cama hace unos instantes, pero ya no está en ella. Después de diez minutos, ya vuelve a estar en el salón, pidiendo un zumo. Los padres deben intentar seguir las técnicas descritas aquí. Para algunos niños, una puede bastar, para otros será necesario aplicarlas todas para conseguir que permanezcan en la cama.

· Llévele a la cama y ponga un despertador que suene al poco tiempo. Dígale que regresará a su habitación antes de que suene. Gratifíquele con un masaje en la espalda por permanecer en la cama. Gradualmente, alargue el tiempo que debe permanecer en la cama antes de obtener la recompensa, ya sea un masaje en la espalda o un helado para desayunar. Si es necesario, utilice de nuevo el minutero, y después siéntese y léale hasta que el niño se haya dormido.

· Enseñe al niño cómo irse a la cama. Algunos niños pequeños no consiguen relajarse lo suficiente par poder dormir, por lo que se les pueden enseñar dichas técnicas.

· Colocar junto al niño todo lo que se necesita para la noche: un vaso de agua, una cojita con una linterna, su juguete favorito y un cassette o la radio para escuchar antes de dormirse.

· Para los bebés que aún permanecen en la cuna pero son lo suficientemente mayores para hablar, los hábitos nocturnos, a menudo, requieren actos más definitivos que exigen decisión por parte de los padres. Supongamos que se les ha arropado y se les ha dado un beso de buenas noches por cuarta vez, mientras se abandona la habitación diciendo: «Buenas noches. Me voy a la cama. Buenas noches». Se debe cerrar la puerta y no volver atrás, aunque el niño llore (a menos, claro está, que se pueda pensar que el niño se encuentra realmente mal) durante veinte minutos. Si después de veinte minutos el niño aún llora, se ha de volver a su habitación indicándole que se duerma. Besarle y salir de nuevo, durante otros veinte minutos. Si es necesario hay que repetir esta rutina cada noche, hasta que el niño perciba que su táctica no da resultados. Atención: si el niño cesa de llorar, no regrese a su habitación para comprobar qué ocurre hasta estar seguro de que el niño está profundamente dormido o, de otro modo, el niño reincidirá.

· Utilizar un gráfico. Un gráfico del momento de acostarse es eficaz para niños de tres años, permitiéndoles ganar puntos para alguna recompensa deseada. Al principio, los padres deben dar puntos por permanecer en la cama durante cinco minutos, después se ha de prolongar gradualmente el tiempo requerido para acumular los puntos necesarios. Ver secciones 2.4 y 2.5 para detalles de selección y utilización de recompensas.

· No discuta. Si el niño suele salirse con la suya, será preciso aplicar consecuencias negativas: pérdida de privilegios al día siguiente o acostarse más temprano la próxima noche.

4.1.6 Reforzar la cooperación del niño

Utilizando palabras y acciones, hay que dar al niño respuestas positivas por su cooperación en el momento de acostarse. Planificar la rutina y llevar a cabo el plan completo a la vez. Puesto que a veces es difícil modificar comportamientos establecidos, se puede necesitar, de entrada, ofrecer recompensas, quizás utilizando el gráfico del momento de acostarse si este momento se ha convertido en la lucha de cada noche. Se pueden dar puntos por respetar las costumbres del momento de acostarse y porque el niño ha permanecido en la cama, antes de dormirse. Al principio puede darse al niño una recompensa cada noche. Las recompensas pueden incluir, por ejemplo, un programa extra de televisión la noche siguiente, sábanas especiales, chocolatinas debajo de la almohada o un caramelo antes de acostarse, al día siguiente. Entretanto el niño acumulará puntos para una recompensa mayor que le costará más esfuerzo ganarse. Las grandes recompensas se escogerán entre el «menú» de cosas o actividades que los padres saben que el niño quiere.

4.2 EL NIÑO QUE SE LEVANTA DURANTE LA NOCHE

Todos los niños se han levantado alguna vez en su vida durante la noche a fin de llamar la atención. Este es un comportamiento que como casi todos los que se discuten en este libro no debe considerarse un problema a menos que se convierta en un hábito. A veces el insomnio denota un problema médico o emocional, y si los padres sospechan esta posibilidad han de verificarla. Pero en muchos casos un niño que se despierta noche tras noche ha desarrollado simplemente un comportamiento que debe modificarse. Si las soluciones expuestas aquí no resultan eficaces se debe consultar con el pediatra, ya que quizás el problema sea lo suficientemente serio como para requerir medicación que ayudará a cambiar el patrón de sueño del niño. Si las rebeldías nocturnas incluyen otros comportamientos como la insistencia en dormir con padres o hermanos, se pueden revisar las secciones que hablan de estas situaciones.

4.2.1 Ignorancia sistemática

Si un bebé se despierta por la noche en busca de atención porque está hambriento, mojado o tiene dolor, no puede ser ignorado. No obstante, a un niño algo mayor, bien alimentado y cuidado, se le puede ayudar a dormir durante períodos de tiempo prolongados. aplicando la ignorancia sistemática.

Para ayudar a los padres en esta situación, la ignorancia sistemática es mas solución eficaz teniendo en cuenta lo siguiente:

· Observar el modelo. Contestar estas sencillas preguntas ayuda a los padres a determinar si el niño realmente les necesita o si está llamando la atención simplemente. ¿Qué hace cuando sale de la cama? ¿A quién llama? Qué hace si nadie le contesta? ¿Pide agua cada noche? Se le ha de poner un vaso lleno a su alcance. Si los padres no contestan, ¿se vuelve a la cama a dormir?

· Desarrollar un plan de actuación. Trazar un plan utilizando los principios de la ignorancia sistemática y después aferrarse al mismo, aplicándolo constantemente, hasta que se produzca una mejoría en el comportamiento del niño. Poner al niño en la cama, firme pero cariñosamente, desearle buenas noches y abandonar la habitación. Decidir cuánto tiempo se dejará pasar antes de ir a verle, en caso de que se despierte y llame. El tiempo nunca debe ser mayor de veinte minutos, un tiempo suficiente para un niño en mitad de la noche y nunca debe ser menor de cinco minutos, puesto que el niño pronto aprenderá a esperar a sus padres. Para muchos padres, esto no resulta fácil puesto que tendrán que escuchar el llanto del niño, que puede despertar al resto de la familia e incluso al vecindario. Si el niño no para de llorar y de llamar a sus padres, pasado un tiempo determinado, se debe ir a su habitación y decirle con firmeza y con un tono de voz grave que ha de dormirse de nuevo. No se le debe coger ni mecer innecesariamente. Hay que darle las buenas noches de nuevo. A continuación salir. Continúe aplicando la ignorancia sistemática, añadiendo cinco minutos al tiempo original hasta que se alcance el máximo, de veinte minutos. Un poco más de tiempo no le hará ningún daño, pero la experiencia personal de los autores de este libro es que veinte minutos aplicados constantemente suelen ser eficaces en pocos días.

Si los padres se sienten incómodos dejando llorar al niño, es preciso que primero comprueben que el niño no llora porque se encuentra mal. No hay que hablar con el niño ni tranquilizarle puesto que no interesa reforzar este comportamiento con una atención afectuosa. Simplemente se debe comprobar que está bien, y después de dar las buenas noches y decir al niño que no se va a regresar, abandonar la habitación. A continuación hay que comenzar con el proceso de ignorar.

· Tiempo para llorar. Haga un gráfico para registrar el tiempo que el niño está llorando o llamando, de este modo se pueden ir comprobando sus progresos. En poco tiempo, cuando el niño aprende que los padres no responderán a sus llamadas, habrá un aumento de las lágrimas pero disminuirá su duración.

Cuando sus agotados padres consultaron a los autores de este libro, Seth' de 22 meses de edad, tenía la costumbre de despertarse unas tres veces cada noche. La primera noche en que se aplicó la ignorancia sistemática. su madre se sentó. nerviosa, al borde de la cama, esperando a que pasaran los veinte minutos para ir a su habitación y decirle que volviera a dormirse. La siguiente vez que el niño se despertó, hizo lo mismo, pero en el tercer intento se durmió después de diecisiete minutos. La segunda noche, dejaron que Seth llorara de nuevo. El niño lloró durante veinte minutos, pero se desper té sólo una vez más. La tercera noche se despertó dos veces, llorando duran te períodos breves, pero la cuarta noche ya no llamó para nada a sus padres.

4.2.2 Ayudar al niño a dormirse de nuevo

Con un niño algo mayor puede ser eficaz la ignorancia sistemática, aunque a veces también puede requerir ayuda para dormirse de nuevo.

· Utilice las técnicas de relajación descritas en la sección 2.10.

· Utilice la práctica positiva. El jugar un papel durante el día, dando al niño claves para conseguir dormirse por la noche. Se le puede sugerir pensar en una escena pacífica, tranquilizadora y monótona, como por ejemplo, las olas del océano lamiendo una playa o una ovejita saltando una valla. Déjele que practique el abecedario o cante una canción del parvulario una y otra vez.

· Utilice música tranquilizadora. Se puede conectar una cassette con una cinta con música relajante al lado de la cama. Enseñe al niño cómo ponerla en marcha si se despierta y no puede dormirse de nuevo.

4.2.3 Proporcionar pasatiempos

Se debe proporcionar al niño material para diversas actividades tranquilas: libros, cintas de cuentos, animales de peluche, o muñecos de trapo para que le hagan compañía y no necesite llamar si se despierta.

4.2.4 Reforzar y recompensar

Nuevamente, deje que el niño gane puntos y recompensas por despertarse pocas veces durante la noche. Por ejemplo, si el niño se ha estado despertando y ha estado llamado a sus padres tres veces cada noche, recompensarle por sólo despertarse dos veces, después conseguir que sólo sea una, después ninguna. Espaciar las recompensas haciendo que cuesten más. Al principio. una noche sin despertarse puede significar ganar una recompensa, después son necesarias dos, después tres.

4.3 EL NIÑO QUE QUIERE DORMIR CON SUS PADRES

A los niños les gusta dormir con sus padres, es algo cálido, acogedor y seguro. Ciertos padres nunca dejan que sus hijos se metan en su cama, otros dicen «sólo el domingo». Otros consienten en poner al niño en su cama cuando está enfermo para que pueda sentirse confortable y se quede semidormido. Otros padres permiten que su hijo se meta en su cama hasta que se duerme y después, suavemente, lo llevan a la suya, mientras que otros padres se despiertan por la mañana con el niño en su cama. Más aún, algunos padres llegan a convertirlo en un hábito.

Los autores de este libro consideran que permitir que el niño duerma con sus padres, excepto en ocasiones especiales, es poco saludable para nido y padres. Según nuestra experiencia y la de otros muchos profesionales de salud mental, permitir que el niño duerma regularmente en la cama de sus padres, puede provocar graves problemas. Puede llegar a hacerle excesivamente dependiente e incapaz de pasar, más adelante, una noche fuera de casa.

Esta costumbre puede desconcertarle, puede confundirle con respecto a SU rol en la familia y respecto a su instinto sexual o pueden angustiarle las relaciones con sus padres. El niño no expresará sus preocupaciones, pero se resentirá de ello.

Hay una gran diferencia entre permitir que un niño duerma con sus padres ocasionalmente o consentirlo de forma regular. En muchos casos, los padres lo consideran un hábito difícil de interrumpir cuando ya se ha iniciado, sobre todo porque es lo más fácil en situaciones agotadoras. Para los padres es más fácil meter al niño en su cama que escuchar cómo llora o suplica. También pueden hacerlo como una manera simple e implícita de evitar la intimidad y las relaciones sexuales, lo cual es también una costumbre muy poco saludable para ellos.

Es preferible que el niño no piense en la cama de sus padres como si fuera la suya propia. Las soluciones que siguen se han pensado para evitar que el niño que duerme con sus padres en alguna ocasión lo convierta en un hábito o para romper este hábito, si ya está establecido.

4.3.1 Prevenir la costumbre desde su inicio

Si el niño no quiere dormir solo porque tiene miedo o dificultades en dormirse. Cuando el niño está enfermo, un interfono permitirá a sus padres oírle. O, si fuera necesario, uno de los padres puede dormir en su habitación. Si los padres han permitido que el niño duerma con ellos cuando está enfermo, se ha de interrumpir dicha practica cuando se encuentre bien nuevamente.

4.3.2 Devolver al niño a su cama

Si el niño va hasta la habitación de sus padres, hay que hacerle volver a su cama, y meterle en ella sin demasiadas contemplaciones. Los padres capaces de ser firmes y poco benévolos en esta situación, lograrán resolverla.

4.3.3 Atrapar al visitante nocturno

Muchos padres cuentan que su hijo se mete de hurtadillas en su cama mientras duermen. Si esto ocurre, pueden intentarse soluciones para pescar al visitante antes de que se meta en la cama, y para que vuelva a su habitación.

· La campana del gato. Colgar campanillas en la habitación o en la del niño para oírle cuando se presente.

· Arrebujarle entre las sábanas de forma apretada o colocar las almohadas de tal modo que al niño le sea casi imposible meterse en la cama, sin despertar a sus padres.

· Bloquear la puerta. Disponer una barricada ruidosa que bloquee la habitación, de modo que el niño pueda empujar la puerta abierta, pero no sin que los padres se den cuenta.

4.3.4 Táctica de los apretujones

Esta táctica requiere que los padres sean buenos actores. Su finalidad es hacer que el niño se sienta tan incómodo en la cama ajena que la suya vaya convirtiéndose en algo cada vez más atractivo.

· Empujarle hacia fuera. Si los padres se despiertan cuando el niño está ya durmiendo en su cama, pueden fingir que siguen durmiendo mientras se vuelven hacia él, pasándole un brazo por la nariz o dándole una suave patada. Si el niño se coloca entre los padres, ambos pueden volverse hacia él, dejándole cada vez menos espacio. Si está en la parte externa de la cama, hay que moverse y empujarle suavemente hacia la esquina.

Unos padres acudieron a los autores de esta obra en busca de ayuda, ya que lo habían intentado todo para inducir a su hija, de nueve años, a que durmiera en su propia cama. Habían suplicado, discutido y castigado, además de haber redecorado la habitación tres veces. Se les indicó que fueran empujando a la niña hasta sacarla de la cama. Primero funcionó, pero después la niña empezó a dormir en el suelo, junto a la cama de sus padres. Se sugirió a la madre que se levantara varias veces por la noche y «tropezara accidentalmente» con la niña (desde luego, de manera suave). Cindy se dio cuenta de que el dormir en la habitación de sus padres resultaba demasiado peligroso.

· Fingir que se está cansadísimo. Apretujar es también eficaz cuando los padres se encuentran durmiendo en la habitación del niño porque éste les llama, con frecuencia, a cualquier hora de la noche. Una amiga de los autores de este libro, Sarah, comentó que cuando era pequeña, llamaba a sus padres por la noche y uno de ellos se levantaba y se acostaba con ella. hasta que la sensación de miedo «a los leones y tigres», había pasado. El padre, que acudía a su llamada, se dormía apretándola contra la pared v roncando sonoramente. Muy pronto se dio cuenta de que era preferible que no durmieran con ella.

4.3.5 Dar recompensas

Se puede reforzar y recompensar al niño por dormir solo, utilizando un sistema de recompensas «convencional» o no convencional.

· Elogiar y ser afectuoso. Asegúrese de expresar lo orgulloso que se está le él y que es «un chico mayor» que ya duerme solo en su cama. Préstele una atención especial y sea cariñoso con él durante el día.

· Utilice recompensas. Si el niño ha estado durmiendo en la cama de seis padres durante mucho tiempo, hay que recompensar sus progresos de independencia nocturna. Haga con él un gráfico de noche, quizás en forma c cama, puntuando períodos de la noche, o noches completas en las que el nido duerme solo en su cama. Las recompensas naturales por el hecho de dormir solo pueden ser dejarle pasar una noche junto a un amigo, que tenga la televisión portátil en su habitación o regalarle un nuevo póster.

4.3.6 Hacer su habitación atractiva

No hay que recordar completamente su habitación sino, simplemente, hacerla atractiva para que el niño la sienta suya. Una forma simple es pedir al niño que recorte fotos de revistas para colgar en las paredes. Cuando sea cl momento de decorar, deje que el niño elija el color. Lleve al niño a una tienda de telas y complementos o permita que seleccione las muestras que se han llevado a casa. Siéntese con él en la habitación e invente una nueva disposición de los muebles.

4.3.7 Conseguir ayuda profesional

Si las soluciones expuestas no son suficientes, o si uno de los padres se resiste a resolver este problema, o si uno de ellos, padre o madre, se da cuenta c que se utiliza esta costumbre para evitar la intimidad entre ellos, hay que acudir en busca de un profesional adecuado.

4.4 LOS NIÑOS QUE QUIEREN DORMIR CON SUS HERMANOS

Algunas veces, el niño no quiere dormir con los padres sino con sus herma'~os. Normalmente se trata de hermanos o hermanas con los que compartió su habitación. A veces es la única opción que le queda antes que dormir solo si es que ha fracasado la posibilidad de dormir con sus padres. Meterse con la cama de un hermano puede parecerle a un niño bastante atractivo.

A menudo, carece de importancia que el hermano sea mayor o menor pues lo primordial es tener a alguien con quien pasar la noche.

Dormir con un hermano en la misma cama se convierte rápidamente en un hábito que no debe alentarse. En primer lugar, porque los nidos deben aprender a dormir solos. En segundo lugar porque dormir junto a un hermano puede estimular fantasías v juegos sexuales en los niños.

Si el niño se ha acostumbrado a dormir acompañado pueden ser útiles las siguientes soluciones.

4.4.1 Informar al niño de que a partir de ahora dormirá solo

Con una actitud y un tono firmes. los padres deben decir al niño que tiene su propia cama para dormir. Sin mas.

4.4.2 Comentar con el niño sus miedos nocturnos

Si el niño tiene miedo de dormir solo. han que hablar con él sobre su miedo e intentar resolver el problema.

4.4.3 Proporcionar alternativas

Haga que el proceso de dormir solo sea más suax e. haciendo compañía al niño o proporcionándole un compañero de sueño.

· Un animalito de peluche o un muñeco son las alternativas naturales para que el niño desarrolle su indepen;lencia. sin sentirse «solo».

· Permita que el niño duerma en la misma habitación que sus hermanos, pero no en la misma cama. Se han de vigilar las reincidencias.

· Utilice un intercomunicador para que los niños puedan hablarse de una habitación a otra hasta que se duerman.

· Utilice juegos de noche, para que tenga algo que hacer en la cama hasta que se duerma.

4.4.4 Reforzar que el niño duerma solo

Cualquier comportamiento que se desee establecer debe estimularse mediante refuerzos. Se debe elogiar al niño porque duerme solo. Los padres deben manifestarle lo orgullosos que se sienten porque el niño se esta convirtiendo en un chico mayor. Anime a los hermanos a que contribuyan también con sus elogios. Un niño mayor responderá, además a las consecuencias naturales. Como por ejemplo. permitirle que invite a un amigo a pasar la noche, o instalar un campamento para que duerman en sacos de dormir, uno al lado del otro. A los hermanos que antes dormían juntos también les gusta el desayuno en la cama o un picnic en el suelo.

4.4.5 Utilizar el gráfico del hombre de arena

Se puede utilizar un sistema de recompensas más complejo. Para este gráfico se puede decir al niño que el hombre de arena visita la casa cada noche y que si le encuentra en la cama propia, le dará un punto. Hay que empezar con un número bajo de puntos que hagan al nido ganar recompensas y, gradualmente, incrementar las exigencias. En situaciones más complicadas, el hombre de arena requerirá más de una visita para modelar el comportamiento deseado. Si el niño está solo en su cama, gana el premio. Lentamente, se ha de conseguir que el requisito para ganar el premio sea que el niño pase una noche completa solo en su cama.

4.5 SONÁMBULOS

Se estima que de un 10 a un 15% de niños andan dormidos por lo menos una vez en su vida. La mayoría lo supera, pero un 2% continúa haciéndolo hasta la edad adulta. El sonambulismo, término técnico para designar a los que tienen este hábito, no es la manifestación física de un sueño ni parece asociarse a problemas psicológicos o a desórdenes emocionales, Él que no se produce durante los sueños. El sonambulismo parece tener una incidencia familiar.

Cuando un niño anda dormido mantiene los ojos abiertos, pero vidriosos, dando la apariencia de no ver. Los paseos pueden durar desde unos minutos hasta una hora y no son en sí mismos peligrosos excepto por el hecho de que los niños o adultos que se pasean dormidos y por lo Insto sin control pueden hacerse daño.

Los padres deben idear formas de protección para que el niño no se haga daño mientras camina dormido. Esto no significa que haya que Atarle. Y cual sería aún más peligroso. En su lugar se ha de intentar disponer de los objetos para que el niño no se lesione y para que se pueda detectar inmediatamente que está levantado. Los niños mayores pueden ayudar a preparar sus propias medidas de seguridad.

4.5.1 Instalar alarmas

Si el objetivo es que las alarmas despierten tanto al niño como a los padres. se pueden colgar campanas en la puerta de la habitación del niño o poner detectores fotosensibles que avisarán en el momento que el niño se levante.

4.5.2 Bloquear las salidas

Los autores conocen a un adolescente que caminó sonámbulo en pijama hasta la puerta de su casa. Le resultó tan incómodo que, para prevenirlo. paso en la puerta de su habitación una silla, un casco de rugby y una papelera metálica, para que el ruido le despertara si volvía a ocurrir. Funcionó. Para niños más pequeños se puede poner un pestillo en la puerta, a una altura a la que el niño no pueda llegar con facilidad. Se debe poner flojo, para que el niño no quede encerrado pero que suponga un lento esfuerzo si quiere salir. De esta forma, si intenta forzarlo seguramente se despertara y si no, de todos modos podrá salir. En las escaleras se deben disponer barandillas de seguridad.

Atención: No se debe encerrar nunca a un niño en su habitación.

4.5.3 Utilizar la sugestión

Combinar las técnicas de relajación con imágenes sobre no andar dormido. Practique las técnicas en un rato tranquilo del día, o, mejor, a la hora de irse a la cama. Cuando el niño está ya muy relajado, pídale que se imagine que está sentado en la cama, a punto dé andar dormido, pero que, al poner los pies en el suelo se despierta. O bien intente que se imagine que al tocar el pomo de la puerta se despierta. Háblele durante esta escena, y haga después que él mismo se la imagine. Los padres deben hacerle imaginar también lo contentos y orgullosos que se sienten y elogiar su éxito.

Para algunos niños, las imágenes negativas funcionan mejor. Por ejemplo, se puede hacer que el niño se imagine que anda dormido fuera de su habitación y se cae por las escaleras, diciéndose a sí mismo, «¡Para, para, vuelve a la cama, estás andando dormido!». Se ha de intentar hacerlo lo más real y aterrador posible y después terminar convenciéndolo de que el sitio más seguro es la cama.

4.5.4 Elogiar y recompensar la remisión de la conducta

Hágale saber al niño que cuando su deambular dormido va remitiendo. los padres se sienten muy contentos: «Joe, esta semana sólo anduviste una vez dormido. ¡Es fantástico! Te has ganado una sorpresa». Se pueden también utilizar gráficos y recompensas más formales. Si se hace así, permita que el niño gane puntos si se da cuenta de que andará dormido y se despierta antes, tanto como si no se levanta en absoluto.

4.5.5 Medicación

Si el sonambulismo del niño es persistente, habrá que consultar con el pediatra. A veces, la medicación altera los patrones de sueño del niño.

4.6 LOS QUE HABLAN DORMIDOS

La mayoría de los niños hablan ocasionalmente durante el sueño y ello no se considera un problema, a menos que despierte al resto de la familia. Si así ocurriera, pueden intentarse las siguientes soluciones:

4.6.1 Hacer caso omiso

En la mayoría de los casos, cuanta menor atención se preste, mayor será la probabilidad de que la conducta cese. No hay que hacer comentarios al día siguiente.

4.6.2 Cambios organizativos

Si la somniloquia del niño molesta a los demás miembros de la familia, se puede amortiguar el sonido cerrando la puerta o separando a niños que comparten una misma habitación.

4.6.3 Evitar las causas

Si el hablar dormido o somniloquia parece ser provocado por una sobreexcitación a la hora de irse a dormir, habrá que prohibir los juegos movidos por la tarde. Habrá que controlar también los programas de televisión para que el niño no esté sobreexcitado o tenga miedo. Después de un día agitado, practique las técnicas de relajación para calmar al niño antes de que se vaya a la cama.

4.6.4 Escuchar y comentar

En ocasiones el hablar en sueños del niño obedece a alguna preocupación. Hay que tratar de escuchar lo que dice y si se pueden entender las palabras, sacar el tema a colación de manera casual al día siguiente.

4.7 LOS NIÑOS CON TERRORES NOCTURNOS

Las pesadillas y los terrores nocturnos son dos cosas distintas. Al contrario que las pesadillas, los terrores nocturnos no son sueños que produzcan miedo ni el resultado de la actividad del sueño. En su lugar, se cree que reflejan etapas inmaduras del sueño, en las que el niño tiene dificultad para hacer la transición del sueño profundo al sueño más superficial Aunque el niño con terrores nocturnos no los recuerde, estos episodios nocturnos pueden ser sumamente preocupantes para los padres. Muchos niños sollozan o gritan, se agitan o corren por toda la casa con los ojos abiertos, pero sin ver y sus oídos parecen no percibir las palabras tan quilizadoras de los padres.

Poco es lo que se puede hacer para ayudar al niño durante un terror nocturno. Se debe simplemente esperar a que cese y recordar que no ha sido causado por las tensiones y que no tendrá efectos traumáticos ni duraderos para el niño.

4.7.1 Tranquilizar al niño

Hay que abrazar al niño, calmarle y pasarle una toalla refrescante por la cara. Esto hará que los padres sientan que están haciendo algo útil y tranquilizará al niño mientras pierde su mirada vidriosa y empieza a volver a la realidad, preguntándose qué pasa.

4.7.2 Regular los horarios de sueño

Para ayudar al niño a desarrollar un patrón de sueño más maduro, asegúrese de que tiene un horario regular de sueño y que descansa lo suficiente.

4.7.3 Consultar a un profesional

A pesar de que los terrores nocturnos no son en general significativos existe sin embargo la posibilidad de que sean síntomas de alteraciones necrológicas. Para verificar este extremo. al mismo tiempo que las pesadillas muy molestas, habrá que comentarlo con el médico. Si los terrores se producen con mucha frecuencia, el médico puede sugerir aliviarlos con una medicación cuidadosamente controlada.

4.8 LOS NIÑOS QUE TIENEN PESADILLAS

Las pesadillas, al contrario que los terrores nocturnos, pueden ser aterradoras para el niño y también para los padres y son, con frecuencia, el resultado de sentimientos de inseguridad, ansiedades, miedos o preocupaciones. Son reacciones de miedo comunes y normales a los sueños desagradables que se inician normalmente a los tres años de edad, teniendo su punto máximo a las edades de cuatro y seis años. Las niñas son susceptibles de padecerlas más tarde que los niños. Un estudio llevado a cabo en 1959 por Lapouse y Monk demostró que el 28% de los niños con edades comprendidas entre los seis y doce años, tenían pesadillas. Alrededor de los diez años, la frecuencia de estos sueños desagradables se incrementa otra vez, para remitir más tarde. Las pesadillas difieren de los terrores nocturnos en otros aspectos: mientras que el niño transpira, grita y respira agitadamente al experimentar una pesadilla puede ser despertado rápidamente y se acordará del sueño o de partes del sueño.

Los sueños pueden estar inducidos por enfermedades y por el dolor, sobreexcitación, miedo y ansiedad, programas violentos de televisión o por amenazas enfermizas por parte de los padres. Aunque el niño puede no ser capaz de indicar exactamente qué le está afectando, pueden sacarse algunas claves a partir de su comportamiento y conversando con él. Cualquiera que sea la causa, los niños inseguros, preocupados o con ansiedad tienen más probabilidades de tener pesadillas.

4.8.1 Tranquilizar y dar seguridad

Normalmente, lo máximo que los padres pueden hacer por un niño que sufre pesadillas es despertarle, tranquilizarle y darle seguridad, decirle que todo va bien, que no ocurre nada. Acariciarle y mecerle, pero no dar demasiada importancia a la pesadilla, puesto que de otro modo podría aprender a utilizarla como mecanismo para atraer la atención. No es importante, en este momento, comentar el contenido del sueño.

4.8.2 Evitar la excitación excesiva

Todos los niños deben tener un periodo de calma y relajación antes de acostarse, y por ello es preferible no permitirles que vean programas de televisión violentos o de terror, no contarles historias de miedo ni permitir que realicen actividades físicas violentas. A pesar de que no ha sido comprobado científicamente que haya relación entre la televisión v las pesadillas, las experiencias de muchos padres sugieren que es de gran ayuda limitar la televisión.

4.8 3 Comentar problemas, miedos y acontecimientos susceptibles de causar tensión

Utilice la conversación y los sueños como datos de cualquier problema que esté experimentando el niño. Háblele durante el día de sus pesadillas, e intente aliviar sus miedos e inquietudes.

También hay que ser previsor y preparar al niño con antelación para acontecimientos que sean susceptibles de causarle tensión, tales como la vuelta a la escuela después de las vacaciones o el salir de viaje. Los miedos en los niños son a menudo causados por la falta de información.

4.8.4 Tomar medidas para las pesadillas que se repiten

Si el niño tiene el mismo sueño una y otra vez, puede usted estar seguro de que siente ansiedad por algo. Ver cap. 14 para sugerencias de como desensibilizar al niño a los miedos. Anímele a que hable de su sueño y lo represente despierto, pero con un final feliz.

4.8.5 Desarrollar una estrategia nocturna

El saberse defendidos de la pesadilla ayuda normalmente a los niños más mayores. Una niña conocida de los autores se «blindaba» la cama para protegerse de los dragones, y a un chico, le proporcionaba seguridad el alejar la luz encendida por las noches. Shelly, una niña de ocho años, po dúa luchar mejor contra sus pesadillas si rezaba una oración determinada cada noche pidiendo protección contra los leones y tigres.

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Actualizada a 26/10/2012